sábado, 19 de diciembre de 2009

No sin despedirme. Capítulo I

(Mi idea era no publicar nada que no hubiese escrito de principio a fin, pero como no puedo mantener el blog con ese ritmo de actualización, he decidido coger una de las ideas de las que tenía más secundarias e ir escribiendo sobre la marcha. Aún no sé qué saldrá. Aquí comienza la primera historia larga que publico en la web: No sin despedirme)

-Hace frío.
-Como siempre, supongo.
-No, esta vez hace más frío, te lo digo yo.
-Tú siempre tienes frío, es normal, al fin y al cabo…
-¡No empieces! Sé distinguir cuando hace frío de verdad, mira ¿ves eso?
-¿El qué?
-Eso del suelo, lo blanco que los niños se tiran a la cara.
-¿La nieve?
-¡No! Lo blanco…- reflexionó un momento- Sí, la nieve. Aparece cuando hace frío, ¿no?
-Sí, supongo.
-Pues eso, que hace frío.
-Como siempre, supongo.
-Aunque esos niños parecen felices, ¡Toma! ¡Le dio en toda la cara!
-Como siempre, supongo.
-No seas así, chiquilla, mira la Luna. ¡Está preciosa!
-Eso es una farola, Hugo.
-Ah, ¿y la luna cuál es?
La chica señaló arriba, tras unos edificios, donde si uno se fijaba vería la Luna tapada por algunas nubes a falta de unos días para estar llena.
-¿Es eso? ¿De veras?
-Sí.
-Pues la farola está mucho más preciosa, sin duda.
-Jeje, como siempre, supongo…
-¡Te lo digo en serio! Si ahora mismo me dijeran: “¡Tienes que poner esa farola en tu casa!”, yo diría: “Sí, ¿Por qué no? ¡Está preciosa!”. Pero si me dijeran, no sé, de colgar la Luna en mi habitación, por ejemplo, diría: “¡Ni pensarlo! ¿Tú la has visto? ¡No! ¿Y por qué? Porque apenas brilla…”.

Siguieron caminando y, a cada rato, Hugo se paraba a comentar algo de lo que veía, tras un rato de discurso sobre las farolas, y sus diferentes formas y modelos, pasó a hablar sobre los niños que jugaban en vez de estar durmiendo, con un tono de voz marcado por la añoranza de su infancia pero alegre y realmente sumergido en el juego. Celebraba cada logro y maldecía cada resbalón de los pequeños, y mientras, ella escuchaba, sólo en parte, y suspiraba al contestar: como siempre, supongo.

-¿Me estás haciendo caso?
-Como siempre…
-Es decir no.
-…Supongo…
-¡Tu apatía va a acabar conmigo! ¡Estás viva chiquilla, disfrútalo!
-… ¿Eh?... Perdona, ¿qué decías?
-Digo que vayas a la tienda, te compres una de esas farolas tan bonitas para tu casa y verás como te animas. ¡Vamos!
-Es la 1 de la mañana, Hugo, ninguna tienda está abierta.
-Entonces iremos mañana.
-Mañana tengo clase…
-Entonces, ¿qué haces levantada, no tienes que dormir? Los niños pueden perder un día de clase por esto, pero, ¿Crees que en la universidad podrás?
-No podía dormir, últimamente me resulta difícil…
-¿Eso es porque no me callo? Porque podría callarme si me lo pidieras…
-No, no es por ti… Tampoco podía dormir antes de conocerte…
-¿Es algún chico? ¿Alguno que yo conozca?
-No.
-¿No lo conozco? ¿Y por qué no me lo has presentado? Tengo derecho a saber quién no deja dormir a mi Laura. Creía que nos lo contábamos todo…
-Tú me lo cuentas todo, yo sólo escucho.
-Pues eso no está bien, ¡Debes hablar! Posicionarte, imponerte… Cuéntame quién es, o el que no podrá dormir seré yo.
-No es nadie, te lo has inventado todo sobre la marcha.
-Bueno, entonces, ¿Qué te impide dormir?
-Nada en particular.
-Sí que lo sabes. Has contestado muy rápido. Eso es que me ocultas algo.
-No lo sé. Nada nuevo, todo el mundo puede pasar por una mala racha.
-Yo sólo quiero saber si estás bien, ¿Lo estás?
-Sí, claro que sí. Como siempre…
-No eres muy convincente.
-…Supongo.
-En fin, hemos llegado, si esto sale bien mañana dormirás como una niña.
-¿Eso crees?
-Bueno, yo me habré ido.
-Sí. Te echaré de menos.
-Y yo, créeme. Pero no anticipemos los hechos. Tenemos que comprobar que es aquí.
-Está bien. ¡Qué comience la fiesta!

La noche del domingo pasó rápida, igual que había llegado. Y la mañana del lunes entró con fuerza en la vida de la gente, tan fuerte como el ruido de un despertador que se mete en la cabeza como si picaran en ella montones de mineros y de repente uno hubiese gritado: ¡Te has pasado con la dinamita! ¡Me has dejado sordo!; sólo que esto no había pasado porque todos sabemos que en nuestra cabeza no hay mineros con dinamita, suelen preferir taladros y picos que tratan mejor los yacimientos y, además, pueden usarse más de una vez.
Un despertador hubiera volado contra la pared aquella mañana, uno más aparte de los que sí que volaron en otras casas, de no ser porque Ángel no era impulsivo y sabía que si lo hacía le tocaría ir a comprar otro y al igual que los mineros prefería las cosas que se podían usar más de una vez.
Y si Ángel tenía algún problema, desde luego, era este (el de no ser impulsivo, no el de los mineros, lo mineros son metafóricos). Por las mañanas iba a la facultad, por la tarde estudiaba, por la noche dormía, y, si se acordaba, entre medias comía. Y a todas horas se lamentaba por ello. Pues hace tiempo que parecía haber decidido que su vida era tremendamente aburrida. Y mientras pensaba en lo poco que deseaba levantarse aquella mañana apagó el despertador y, sin quererlo, se quedó dormido.

Una hora y media más tarde iba corriendo, tratando de no patinar con los restos de nieve que quedaban de la noche anterior, echando vapor por la boca debido a la respiración agitada en aquel frío matinal y con la bufanda mal anudada al cuello. Camino de la facultad maldiciendo no haberse levantado al primer toque de despertador.

Y al llegar, subió la escalera, corrió a su clase y leyó el cartel de la puerta. Decía algo como: “El profesor de esta chorrada de asignatura, impartida de 9 a 11 a.m., no ha venido por enfermedad todos le deseamos que no se recupere”.
Parecería una broma de no ser por el conocimiento público de que el bedel iba a ser jubilado después de muchos años sin su permiso, y ciertas cosas parecían indicar cierto resentimiento por su parte.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Philippe Delerm

(Hoy inauguro nueva sección, al principio sólo iba a escribir en el blog cosas propias pero de vez en cuando voy a dedicar alguna entrada a otros autores. Consistirá en un fragmento o texto del autor, un breve párrafo de biografía y al final las fuentes. Para comenzar: Philippe Delerm.)



El primer trago de cerveza

Es el único que cuenta. Los otros, cada vez más largos, cada vez más anodinos, no dan más que una pastosidad calentorra, una abundancia malgastada. La última, quizá, encuentra la desilusión de acabar una apariencia de poder…
¡Pero el primer trago! ¿El trago? Comienza mucho antes de la garganta. Sobre los labios ya este oro espumoso, frescura amplificada por la espuma, después lentamente sobre el feliz paladar tamizado de amargura. ¡Qué largo parece, el primer trago! Se bebe en seguida, con una avidez erróneamente instintiva. De hecho, todo está escrito: la cantidad, ni demasiada ni demasiada poca, que hace falta para el comienzo ideal; el bienestar inmediato puntuado por un suspiro, un chasquido de lengua, o un silencio que los equivalga; la engañosa sensación de un placer que se abre al infinito… Al mismo tiempo, ya lo sabemos. Todo lo bueno se acaba. Dejamos el vaso, y lo alejamos incluso un poco sobre el pequeño posavasos. Saboreamos el color, falsa miel, frío sol. Por todo un ritual de tranquilidad y de espera, querríamos controlar el milagro que acaba a la vez de producirse y de escaparse. Leemos con satisfacción en el frente del vaso el nombre preciso de la cerveza que habíamos pedido. Pero continente y contenido pueden interrogarse, responderse sin parar, nada se multiplicará más. Nos gustaría guardar el secreto del oro puro, y encerrarlo en fórmulas. Pero delante de su pequeña mesa blanca salpicada de sol, el alquimista frustrado no guarda las apariencias, y bebe cada vez más cerveza con cada vez menos gusto. Es una felicidad amarga: bebemos para olvidar el primer trago.

Sobre el autor:

Escritor francés nacido en noviembre de 1950 hasta la actualidad. Licenciado en letras en la facultad de Nanterre; Delerm se da a conocer con sus poemas en prosa titulados “El primer trago de cerveza y otros placeres minúsculos”, publicado en 1997, a partir de ahí escribiría varias novelas y algunos libros para niños. En 2007 abandona su puesto de profesor para dedicarse por completo a escribir. Aficionado al deporte colaboraba con el períodico deportivo L’Equipe y en 2008 fue invitado a comentar lo juegos olímpicos de Pekín.

Datos varios:

Título original: La première gorgée de bière
Autor: Philippe Delerm
Traducción: David Noguera
Fuente biográfica: Wikipedia.fr

jueves, 10 de diciembre de 2009

De sangre azul

(Sinceramente, para mí, o escribo o no escribo, nunca me sale nada si me fuerzo porque me bloqueo, y en ocasiones, cuando me bloqueo, escribo cosas sobre bloquearse... ¿Me seguís lo que digo?)





El bolígrafo estaba en sus dedos, colgaba sin mucha fuerza sobre el papel del cuaderno, a escasa distancia de éste esperando una orden para lanzarse a escribir sobre él. Impaciente por descargar su tinta, le desesperaba el juego que se traía entre manos el pulgar, quien pulsaba su espalda haciendo que su punta entrara y volviese a salir, casi rozando el papel, para volver a entrar y dejarle con las ganas de haber tocado la cuadrícula. Y por veinte veces que ocurriera, veinte veces creía que esta vez sería la buena, que al cretino de arriba se le habría ocurrido al fin una idea que mereciera la pena, y no desangrarse estúpidamente sobre un papel que acabaría arrugado y en la basura con una idea de poca monta; y tal vez serían mejores sus ocurrencias si el pulgar dejara de distraerle, había contado veintiocho pulsaciones antes de perder la cuenta, ahora irían por más de treinta. Y de repente, el pulgar se detenía y la mano se lanzaba a escribir frenética, ¡Por fin una idea!
Falsa alarma, tras dos líneas volvía al principio para tachar todo lo escrito. Y vuelta entonces a empezar de cero, vaya un desperdicio de su azulada sangre.

martes, 8 de diciembre de 2009

Deseos de una estrella.

(Primer cuento, lo subo para no dejar esto vacío mientra pienso otras cosas)




Camina por la playa, la arena se hunde bajo el peso de tus pies, suavemente la empujas hacia abajo en cada paso. Los granos pierden su forma y adoptan la de tu huella. El único ruido, el de las olas, rompen tranquilas en la arena, no muy lejos de allí donde dejas tus huellas; como mucho, y si prestas atención, oirás el sonido de unos niños jugando a lo lejos o el de esos pájaros de la costa, las gaviotas, que chillan por un pez. Y en esa dulce mañana, si tienes suerte, hallarás una caracola en la arena, justo donde uno de tus pies iba a marcar la próxima huella. Y si te la pegas al oído… ¿Crees que es mentira que se oye el ruido del mar? Lo es, no es el mar lo que puede oírse en la profundidad de estas caracolas, sino sus historias, las historias que han ocurrido en el mar, y que, si tienes un poco de paciencia, descifrarás lo que te dicen. Ponla en tu oído y escucha con atención pues esta historia yo ya la he oído y, créeme, merece la pena contarla…

¿La habías oído antes? ¿No? Es una historia famosa entre los habitantes del mundo submarino, pues trágica y a la vez en ella encuentran una moraleja todos los que la escuchan. ¿Cuál? Bueno, eso no depende de mí… Atento, que ya empieza.

Hace no mucho tiempo, no muy lejos de la playa en que andas, digamos… Gira tu cabeza, ¿ves el punto que brilla al fondo en el agua? El que parece casi blanco por culpa del Sol. Pues más o menos en esa zona vivía una estrella de mar, la llamábamos Odis, y esa pequeña estrella era… En fin, afrontemos el hecho… Era una ingenua, no, peor que ingenua, era soñadora, tenía muchos planes e ilusiones. ¿Por qué era tan malo aquello? No entiendas mal, no es malo ser soñador, tener esperanza, mejorar la vida de uno mismo todo lo posible, en verdad es bueno, pero lo posible, tristemente, tiene un límite. Y Odis no sobrepasaba ese límite, no, simplemente era como si para ella no existiera, o más concretamente, el límite estaba ahí pero ella no lo veía.

Odis había oído hablar a los humanos, sí, los humanos piensan que su sistema de comunicación es evolucionado y complicado, pero se basa en los sentimientos, siempre que dicen algo con sus palabras lo hacen en base a lo que sienten, ya sea para expresarlo o, al contrario, para tratar de ocultarlo. El caso es que Odis pudo descifrar en gran parte su lengua, vuestra lengua, y les había oído hablar cuando señalaban al cielo de algo llamado “estrellas”. No tardó en darse cuenta que se referían a los puntos luminosos que podían verse allá arriba cuando alzaba la vista más allá de la superficie del mar. Aunque sólo se veía cuando faltaba la luz, eran como una luz más tenue que la del día, y Odis averiguó por qué. Eran lucecitas que se mantenían mientras el Sol recargaba fuerzas y que servían a estos humanos, o marineros, para orientarse si la caída del Sol les sobrecogía en alta mar. Sí es verdad que ellos hablaban de sistema de radar y de comunicaciones, las estrellas parecían ser el método antiguo de orientarse, pero aún hoy había un marinero en aquel barco que parecía entender aquel viejo método. Él lo explicaba a los demás, y Odis, pegada al casco, pasaba las noches embobada escuchando estas palabras hasta que los humanos se iban a dormir.

En una mente como la que te describo, ilusa, falta de sentido común, no es de extrañar que estas palabras causaran algo más que admiración. Pues no sólo se trataba de las estrellas de allá arriba, también de las de aquí abajo. En una ocasión en que a Odis casi la atrapa un marinero, oyó a éste referirse a ella como “estrella de mar”. ¿Por qué los humanos usáis términos tan ambiguos? Por Neptuno que nunca lo sabré. Pero ella relacionó mal este juego de palabras y empezó a pensar que ella, Odis, debía estar arriba y no abajo…
Empezó a contar por todo el poblado que iba a hacer un viaje, aún la recuerdo: “¡escuchad, escuchad! Sé que no encajo por aquí, sé que no sirvo de mucha ayuda, pero ya sé por qué es eso”. Y cuando alguno se atrevía a preguntar por qué ella decía “Porque no soy de este lugar, vengo del cielo y allí volveré”. Recuerdo unirme a las risas de todos aquellos que no la creyeron, pobrecilla; era ingenua, sí, pero ahora sé que no merecía aquello. Y aún es peor cuando recuerdo que entre lágrimas murmuraba “¿De qué os reís? Soy del cielo, lo sé, ya lo veréis… Ya lo veréis…”.

Pobre Odis, estrellita incomprendida. Pobre Odis. Si en aquel poblado hubiera habido más estrellas tal vez podrían haberla hecho entrar en razón, pero no fue así. Pobre Odis. Y así pasaban los días, y ella, tozuda, no desistía en su idea. Nadaba rápido para tratar de saltar fuera del agua, para lo cual pidió ayuda a los delfines, no hay que negar que al menos ellos intentaron ayudarla, pero desistieron al tiempo. Luego pidió ayuda a los lenguados que pasaron por completo de ella. Incluso desapareció unos días porque fue mar adentro a que una ballena la lanzara con su chorro de agua hacia las alturas, sin embargo a la vuelta seguía con su propósito. Todos estábamos hartos de su comportamiento, no sólo eran ideas absurdas, sino que molestaba a los demás con todas sus fuerzas para que trataran de ayudarla. Y la tortuga más vieja y sabia de la zona un día se plantó ante ella. “Dime pequeña Odis, ¿por qué insistes en negar lo evidente?, niegas que perteneces al mar, pero es obvio que respiras bajo el agua y vives tranquilamente aquí abajo, ¿por qué subir?”. Todo el mundo creía que la paciente tortuga acabaría con esos extraños pensamientos. Pero la necia de Odis no respondió como se esperaba… “Porque me desplazo muy lentamente, apenas puedo moverme, es como si el agua no estuviera hecha para mí. Respecto a lo de respirar, no lo sé, supongo que me habré acostumbrado. Y los humanos dijeron que yo era una estrella, como las del cielo”. “No, Odis, no, ¿recuerdas? Ellos dijeron que eras una estrella de mar. Tu sitio es este”. “¿Y si se referían a que era una estrella que ha caído al mar? Nunca lo averiguaré si me quedo aquí abajo”.

Y así siguió Odis con lo que parecía unas ideas interminables, sin embargo no fue así. A los próximos que pidió ayuda fueron los cangrejos. Y uno de ellos accedió a prestarle ayuda, pues lo que Odis quería es que los cangrejos la sacaran a tierra para continuar su búsqueda fuera del agua. “El agua está bajo la tierra, y la tierra bajo el cielo, sólo tengo que subir poco a poco” decía ella. El cangrejo en cambio decía “No sólo te llevaré a tierra sino que he descubierto por dónde se llega al cielo, y te lo enseñaré”. Pobre Odis, cruel cangrejo. Pues al llegar a la orilla la dirigió a un acantilado…

Veamos… Si con la caracola en mano has seguido andando, aún suponiendo que tus pasos sean lentos, mientras escuchas la historia, deberías poder ver un acantilado enfrente tuya, un poco a la derecha tal vez… ¿Sí? ¿Lo ves?... ¿No es tan grande? Bueno, quizá no para ti, pero míralo en la proporción de una estrella de mar. La pequeña Odis nunca pudo subirlo. La idea del cangrejo era pues dejar a Odis fuera del agua y decirle que ese acantilado era la escalera al cielo. Y así fue, la dejó allí abandonada… Ella nunca sospechó nada, en verdad, se la veía realmente feliz y confiada por las palabras del cangrejo. Ingenua y pobre Odis.

El cangrejo no alcanzó la mitad del camino de vuelta cuando empezó a comprender lo que había hecho, no sólo había gastado una broma pesada a Odis. Ella no se daría cuenta de la mentira del cangrejo, ella intentaría trepar el acantilado, ella no volvería desilusionada para ser objeto de burla. Ella, sencillamente, se secaría en el camino, ella, tristemente, moriría demostrando que se equivocaba.

El cangrejo volvió a toda prisa donde la había dejado, trepó lo que pudo buscándola, no podía estar lejos…

No la encontró, estuvo todo el día buscándola pero no la encontró. Pobre Odis. Y en aquel momento el cangrejo volvió a toda prisa al poblado deseando encontrarla allí, pero no la encontró. Pobre Odis. El cangrejo la daba por muerta, seca en su intento de demostrar que, efectivamente, se equivocaba, que nunca perteneció al cielo. Nunca supo si realmente había fallecido, o descubierto la verdad y huido. ¿Lo peor? Que la mayoría del poblado no se apenó al oír la noticia, que los que sí lo hicieron no era una pena real, sólo murmuraban un “pobrecita”. Y que muy pocos culparon realmente al cangrejo por lo ocurrido, simplemente creían que la estrella se lo había buscado por tener ideas tan absurdas.

El único que lo lamentó realmente fue el cangrejo, que pasó el resto de su vida triste por la pobre Odis. Y cuando los chiquillos comentaban la historia de Odis por las calles lo hacían mostrándola como loca, como una estúpida, y el cangrejo cuando los oía siempre que podía intervenía; “No sé si loca o no, si de ideas absurdas o no, en cualquier caso era un animal de corazón realmente puro, que confiaba en los demás sin cuestionar su palabra. No sé si alcanzó el cielo, lo que sí sé es que lo merecía” y soltaba alguna lágrima por ella ante las miradas extrañadas de los chicos.

¿Qué fue del cangrejo? Bueno, hay quien dice que se marchitó y murió de tristeza. Pero no fue así, yo lo sé, en realidad pasó el resto de su vida recogiendo caracolas vacías y dándoles forma para que en su interior, gracias al eco, pudiera oírse una y otra vez la historia de la estrella de mar Odis, quien descansa en paz en el cielo.

¿Cómo sé que el cangrejo se dedicó a esto? En fin no viene al caso preguntar. Pero sí te comentaré, volviendo al comienzo de mi historia, que la moraleja que te dije que buscaras la has encontrado. O al menos te habrás distraído con la historia. Pero no, estoy seguro de que sí la has encontrado, me juego mis pinzas a que sí. ¿No? Bueno… ¿Quieres oírla de nuevo?...

lunes, 7 de diciembre de 2009

Bienvenidos / Bienvenus / Welcome / Willkommen

Buenas noches y bienvenidos a mi Blog. Completamente vacío por el momento, en algún antiguo intento por publicar algo en Internet observé que los mensajes del tipo "iremos llenándolo poco a poco" no funcionan, para mí, esta clase de declaraciones han llegado a ser gafes. Así que en este mensaje de bienvenida no voy a hacer promesas, ni nada. Sólo decir que Lápiz sin Punta es una web dedicada a escribir, más que a escribir a publicar, esas ideas que se me pasan por la cabeza y si pudiera ser a recibir la opinión sobre mis escritos de terceras personas.
Cuando haya escrito una historia por completo la iré subiendo aquí en capítulos o toda de golpe según su extensión.
Nos vemos pronto... bueno, cuando pueda...